Recursos como la numerología, astrología, eneagrama, etc. nos ayudan a reconocer los programas que están ejecutándose en nuestra psique y poder saber si estamos alineados o estamos desalineados. Cuando estamos alineados estamos en estado de flujo y todo va como la seda, como se suele decir. Estamos alineados con el programa de la vida y por lo tanto, fluimos con ella. Desde la mirada interior y la mirada hacia el entorno sin perder de vista nuestro interior, podemos ir reconociendo en qué estado nos encontramos.
Cuando tenemos cierta práctica y hemos profundizado en el conocimiento de alguno de estos recursos, podemos darnos cuenta de cómo estamos actuando en un momento determinado y cómo están actuando otros. Es una forma de saber que todos estamos inmersos en este juego de la vida y que podemos activar el programa disonante, el que nos hace tropezar y caer en un desajuste, que luego lo somatizaremos en el cuerpo y por consiguiente en nuestra realidad.
De ahí la importancia de estar atentos, aún cuando estemos en un pozo profundo y oscuro, porque ver nuestra oscuridad es parte de este juego. Y comprobaremos algo importante, nuestra oscuridad muchas veces no nos pertenece. Es algo que se ha detonado por el entorno o por una memoria, pero no nos pertenece, y reconocerlo nos ayuda a convivir con ella de otra forma. Puede que al otro lado haya una manita que pulse un botón y active un programa, por decirlo de una forma gráfica y jocosa, pero por mucho que tenga el botón pulsado, si decimos NO, es NO.
No es decirlo por ocultarlo, es hacerlo tras haber reconocido que en este juego hay veces que tenemos que asumir nuestra libertad desde nuestro propio poder interior. Cierto es que hay veces en que necesitamos presión para que salten los programas ocultos, porque desde la presión el EGO se expresa con autenticidad. Sin embargo, en muchas ocasiones es contraproducente, porque si no estamos atentos, reforzamos ese programa negativo.
Vivir siempre bajo presión nos contrae, que es lo que provoca que no podamos soltar aquello que nos oprime. Necesitamos una válvula de escape para soltar, como una olla a presión o una cafetera, que suelta la presión cuando ya ha llegado al punto necesario. Si la válvula está atascada, la olla explota. Eso son las emociones, que cuando llegan a un punto límite nos puede hacer perder el control.
Hay un punto en el que cuando hemos aprendido con la práctica a soportar la presión y ser capaces de ver lo que subyace sin reaccionar o expresar lo que sea necesario escuchándonos, nos vamos convirtiendo en maestros de nuestra energía, adquirimos soberanía energética. Pero en todo momento, lo que se produce es una elección personal.
Así confirmamos que no hay nada, por grande que parezca, que pueda desempoderarnos. No siempre seremos capaces de gestionarlo, caeremos muchas veces, nos sentiremos impotentes, incapaces otras veces, pero hay una fuerza interior que nos hace levantarnos aunque hayamos estado arrastrándonos. Confiar en nosotros mismos, ir conociéndonos, reconocer qué debemos trabajar más y cuáles son nuestras fortalezas, porque cuando nos castigamos a nosotros mismos sin darnos la oportunidad de levantarnos, sin valorarnos, nos perdemos.
Buscar nuevos límites, es superarnos, buscar nuevos retos, porque nadie sabe más de nosotros que nosotros mismos cuando confiamos en una sabiduría superior que nos guía y nos confronta con otras personas o situaciones. Así nos volvemos inteligentes, no desde la inteligencia de la mente concreta, sino a una inteligencia superior que nos hace discernir desde nuestra propia sabiduría.
Conocernos a través de nuestras propias miserias y las de otros. Podemos ver así cómo quienes tienen ciertos dones y los utilizan en contra de otros, muestran en realidad su propia debilidad. Y una prueba que la vida me ha demostrado es que cuando les toca vivir una experiencia incómoda, no la quieren y se cuidan mucho, haciendo alardes de una seducción artificial.
Lo curioso de esto es que se refleja en la programación de la numerología, eneagrama, astrología… Entonces podemos entender algo muy profundo que también nos ayuda muchísimo: su dolor. Porque cuando vivimos desde el programa distorsionado o digamos desde la polaridad negativa o lo que Jung llamó la sombra o el lado oscuro, que no es ni buena ni mala, es… y queremos cambiar, ese cambio nos hace sentir vulnerables, porque el amor siempre lo hemos asociado a algo blando. En realidad no sabemos bien qué es, pero sí es cierto que desde esa frecuencia somos incapaces de sentir o hacer algo que pueda molestar a otras personas o seres vivos.
El inconveniente, es que cuando alguien reacciona de forma que no nos gusta, porque nos sentimos agredidos o no cumple nuestras expectativas, se activa el automatismo del viejo programa y activamos ese don para devolver el golpe, muchas veces disfrazado de justicia o de lección, para que aprenda. Pero es un disfraz. Un disfraz muy cómodo que nos permite justificarnos por reaccionar siempre ante circunstancias que no somos capaces de gestionar porque esa voz interna nos dice que eso no podemos tolerarlo o que somos alguien muy superior que no podemos permitir que alguien tan simple actúe así con nosotros.
Ante esto sólo podemos SER nosotros, ser conscientes de cuál es nuestra propia frecuencia y gestionarlo como podamos sin perder nuestra identidad. No es fácil, pero es la única forma de poder ofrecer una alternativa diferente a este loco mundo. Si revisamos la historia, está llena de momentos de agresividad, de violencia, que no hace otra cosa que llamar más agresividad y violencia porque la ley siempre se cumple: acción y reacción. Lo que enviamos, nos viene de vuelta.
Y claro, cuando estamos polarizados en un extremo, creemos que los demás nos deben algo, que nos deben respeto en forma de sumisión, más disfraces para maquillar nuestras propias carencias. Pero nos olvidamos de que todo lo que va, viene. Olvidamos algo más importante aún: que la vida también pone disfraces, haciéndonos creer que podemos controlar la ley y jugar con ella. Pero esa trampa sólo nos hace caer en la mente y nos aleja de vivir desde el corazón. La vida siempre tiene más recursos que nosotros porque es más sabia. El Maestro lo dijo: cuando te atacan, no te ofendas, es que están buscando… Buscándose…
Quizá lo mejor que podemos decirle a alguien que nos ofende o agrede sea Que tu propia luz te ilumine y guíe tu camino.



