Andaduras por caminos pedregosos, pasos por ciénagas, lodazales, subidas a montañas que parecen interminables.
El cóndor desde la altura observa imperturbable con su figura imponente. Su sombra por momentos me recuerda la levedad del Ser.
Tras el camino sinuoso aparece la gran llanura de un frondoso valle. El curso del río de agua cristalina me acompaña.
Regreso al hogar. La chimenea emana el humo de la lumbre. Al fin nos encontramos de nuevo.
Gracias. Hecho está.



