Cuando entramos en una vorágine de asuntos a tratar, al sentirnos desbordados más tarde o más temprano, nos detenemos y tratamos de reducir todo a lo simple para a partir de ahí, hacernos una composición de lugar y tomar decisiones, establecer prioridades, desechar lo que no es importante, y avanzar con un camino más aclarado, más ordenado.
Buscamos un marco más coherente donde pasar del modo de supervivencia, a uno de armonía y consciente, porque tenemos una idea más clara de a dónde dirigirnos y comenzar una nueva forma de hacer las cosas o afrontar la vida. Luego el camino irá determinando y mostrándonos nuevas posibilidades y oportunidades.
Un ejemplo de simpleza es la Oración Simple de San Francisco de Asís, que puedes buscar en cualquier buscador en internet. Es una invitación a recurrir a los principios básicos, a las bases que sustentan la Creación, para estar en armonía con nosotros mismos y con el exterior.
Ser paz, convertirse en paz desde la paz interior, no devolver el golpe aunque nos injurien, calumnien, nos critiquen, poniendo límites sanos para mantener el equilibrio. Valorarnos, reconocer nuestros propios valores uy lo que podemos aportar a la vida para convertirnos en una posibilidad, un ejemplo de vivir de otra forma, porque así podremos emitir nuestra propia frecuencia, la que vinimos a aportar, conectando con el corazón desde un estado de coherencia para resonar con la vida.
Porque el secreto está en simplemente ser, conectar con la empatía, que es sentir al otro, pero permitiéndole ser responsable de su proceso, ofreciéndole una mano para acompañarle si es posible. Cuando conectamos con la compasión, lo entendemos porque nos reconocemos en él o ella, ya que pasamos por lo mismo alguna vez, sentimos su dolor como nuestro.
En este punto no podemos sino sentir amor, porque no le haríamos lo que no nos gustaría que nos hicieran. Así, conectamos con el Dharma, damos lo que tenemos, compartimos quienes somos porque así la vida nos lo devuelve aumentado.
Y comprendemos que en realidad vivimos reivindicando justicia, igualdad, pero nos olvidamos de estos principios, que San Francisco de Asís nos legó en su Oración Simple, pero que responden a los principios cuánticos por los que se rige el Universo.
La rendición es vivir conforme a esos principios que son por los que se rige el Universo. Si reflexionamos unos momentos, ya hemos visto en nuestra vida que funcionan. Einstein decía que donde está el problema no está la solución. Sócrates dijo lo mismo diciendo que si un problema tiene solución, ¿por qué nos preocupamos? ¿Y si no la tiene, por qué preocuparse?
¿Recuerdas alguna vez en tu vida en que algo te afectó en mayor o menor medida y cuando dejaste de pensar en ello o te rendiste y dijiste “no puedo más”, tu cuerpo se aflojó y poco después apareció la solución?
En tiempos tan desafiantes tenemos dos soluciones, como siempre: seguir enfrentándonos o decir basta. No es fácil ver que la gente sufre, pero el sufrimiento ocurre por no asumir estos principios cuánticos que rigen la vida. Es en el silencio, en la pausa entre un evento y otro, donde aparece la solución, la intuición o el insight. El ruido es caos, el silencio lo ordena.
En una relación entre dos personas a veces la vida lleva a una situación límite lo que comenzó lleno de ilusión, y uno o los dos se preguntan: ¿cómo pudimos llegar a esto? Como humanidad nos estamos preguntando lo mismo.
Esa toma de conciencia, ese insight, supone un punto de inflexión en el que o volvemos a los mismos patrones anteriores o comenzamos a tomar un nuevo rumbo donde afrontamos los retos que confrontarán nuestros patrones mentales y emocionales, nuestras creencias, para establecer una nueva versión, con sus subidas y sus bajadas, sus tropiezos y sus recompensas.
La respuesta la ponemos cada uno, la decisión de cambiar es individual, para que luego como colectividad tengamos una base diferente sobre la que sustentar un nuevo contrato social.




Maravilloso y muy cierto, en los cambios se pueden encontrar otras formas de ser y hacer.