Alaina era una mujer peculiar. Introvertida hasta con ella misma, no porque fuera así, sino por un temor interno a ser vista, o más bien, descubierta. No era un agente secreto, era tan sólo víctima de su propia historia familiar. Entendió que mejor escondida que señalada. Sus propios juicios hacia los demás, le hacían actuar de forma un tanto extraña.
Era incapaz de mostrarse como era, por lo tanto creía que era mejor crear una nebulosa en torno a ella para hacerse inaccesible y no mostrar su vulnerabilidad. Así que cuando eligió a sus pocos amigos, siempre trataba de formar parte de todo en su vida, creando una vida propia de la que poder derivar la responsabilidad de cualquier inconveniente que pudiera acontecer, simplemente señalando al “culpable”.
Si te tropiezas con ella, verás que se muestra siempre agradable y feliz, con una alegría forzada que esconde una negación a sí misma profunda, ya que puedes adivinar que quien actúa así no lo hace por cobardía, sino por temor a mostrarse vulnerable, no con los demás, sino con ella misma. Por supuesto que el resultado es no mostrarse vulnerable en ninguna situación que no pueda controlar, porque hay una cosa que debemos recordar, seguro que tú lo sabes, pero todos, en algún momento lo olvidamos.
Hay un miedo oculto importante a no sentirse capaz, y generalmente aquello que la vida nos muestra es la maestría que debemos desarrollar. Siempre ocurre que las limitaciones que sabemos que tenemos, cuando la escondemos, lo único que hacemos es magnificarlas, porque las guardamos, no las deshechamos, y eso crece en nuestro interior.
Irónicamente lo que hacemos es guardarlas como un tesoro, porque si no es así ¿para qué las queremos? Aunque quizá la mayor ironía es autoinvitarse a las fiestas de los demás sin que se den cuenta éstos de que se está autoinvitando. Algo retorcido, sí, pero es así. Lo curioso es que mientras los demás no se den cuenta, es feliz, porque se siente superior, y cree que la magia le asiste, pero la magia no aparece del control, surge casi como ocurren los milagros.
Nada de esto le ayuda a su maestría, sí es verdad que mientras logre estos triunfos se divierte y seguramente aprende muchas otras artes escénicas, pero el corazón no entiende de estas minucias. El corazón busca ser auténtico, desplegar la propia valía y deshacerse de las propias limitaciones.
Había desarrollado una habilidad de autoinvitarse a las fiestas de otros. De aquellos que creían que era su amiga, porque es fácil entender que los amigos de verdad no actúan así, pero la vida hace que cualquier cosa sea posible. Algunos llegaron a darse cuenta y la dejaban, hasta que la costumbre de invadir en cualquier situación empezó a molestarles, porque llega a un punto en que la falta de límites le hace creer que tiene permiso para todo. Entonces a la hora de la corrección, llegan los inconvenientes y las fricciones.
Hay que reconocer que cuando lo leemos como una historia ajena tiene mucha gracia y no deja de tener cierto valor, porque ¿a quién no le gusta una película bien hecha de policías y ladrones que roban en un museo un diamante valioso burlando todas las sofisticadas medidas de seguridad? Desde ese punto, tiene su colorido.
Empezó a colarse en las fiestas como si la hubieran invitado y hacerse amiga de los invitados que veía más cercanos a los anfitriones. Sin embargo, a la hora del baile se escondía para no salir en la foto por vergüenza. Su conversación era breve, pero siempre enfocada en algún tema que le interesara para conseguir algún beneficio personal, ya sea un contacto para resolver algún asunto, tener disponibilidad por si acaso en su agenda o como cliente potencial para su negocio.
Repartía tarjetas a quienes veía con “posibilidades” y cuando veía que la fiesta comenzaba a dejar de tener interés, desaparecía. De tanto repetirlo, como ya dije antes, lo que no se suelta se magnifica y fue creciendo su propia desconfianza en poder organizar una fiesta por sí misma, porque… hay otro secreto. Eso que se magnifica, emite una señal continuamente y esa señal hace resonancia con otra similar a ella, con lo cual, ¿qué ocurre? Que atrae personas iguales, con la misma inseguridad. Eso no le era rentable, porque lo que quería era tener la capacidad de atraer personas que le aportaran algo diferente a su vida.
Por eso entendió que era mejor invitarse a fiestas de otros. Pero ¿qué ocurría? Que casi pasaba desapercibida. Por lo que determinó variar su estrategia: asumir un rol más importante, un rol que le diera más protagonismo. Tras pensar mucho, llegó a la conclusión de que lo mejor era recibir a la entrada a los asistentes. Llegaba la primera y desaparecía de la vista de los anfitriones para situarse justo a la entrada a recibir al resto de invitados. Así lo primero que veían nada más llegar no era los antitriones sino ¿a quién?… Justamente.
Le ponía su sonrisa desnaturalizada, le daba la mano y le hacía un regalo como detalle por asistir. Todos los invitados pasaban por su dominio, así que de alguna forma, tenían la visa para acceder a la fiesta. Ella les concedió el permiso.
Cuando ya veía que no acudían más invitados, se pasaba entre los asistentes y cerca de los anfitriones trataba de sacar la información a ver si aún quedaba alguien más por llegar. Si era así, acudía rauda a su puesto hasta que llegaban los rezagados, en caso contrario, ya podía descansar. Se sentaba en una esquina y se regocijaba de su éxito. Sentía el agradecimiento de los asistentes por haberles concedido el permiso para pertenecer al grupo de invitados. ¡Qué bien se sentía! Daba un suspiro de alivio y satisfacción por el deber cumplido y un poco después desaparecía sin decir nada.
¡Cuánto bien había hecho! Ahora todos estarían felices y contentos con ella y cuando organizara una fiesta acudirían igualmente como señal de agradecimiento. Así fue, hizo una convocatoria a todos aquellos que habían recibido su tarjeta pero no acudió nadie. En un instante pasó de la perplejidad a la ira.
¡Cómo era posible, con todo lo que había hecho por ellos! ¿Qué crees que ocurrió?
Sentía que estaban en deuda con ella, que eran unos desagradecidos, que les había defraudado, que… vaya usted a saber cuántos qué más pudieron pasar por su mente.
El paso de invitada a anfitriona no era fácil. No darse cuenta de que el lastre lo lleva en su interior y que actuar desde la versión limitada sólo crea limitaciones y esas limitaciones son peligrosas porque la vida nos pone delante siempre dos caminos: uno es andar desde la versión limitada, el más fácil, y el otro desde la mejor versión.
La versión limitada es más fácil porque es la que conocemos mejor porque la hemos practicado mucho tiempo. La mejor versión es desconocida porque no creemos que sea posible, ya que cuando tratamos de andar con ella todo parece volverse en contra.
Esa confrontación es el resultado del choque de ondas, como vimos antes. Tratamos de poner en marcha la emisión de una onda nueva pero es una onda débil que tiene mucha menos fuerza aún que la onda limitada que es la que continúa atrayendo las mismas personas y situaciones.
Por eso se dice que hay que ser guerreros y guerreras, porque necesitamos emitir una nueva onda y tropezamos con otros que son atraídos por las ondas limitadas que se resisten a hacer su propio trabajo interior, invitándose a las fiestas de otros.
Lo curioso es que un día se dan cuenta de que, como Alaina, eso no funciona, porque aunque los demás no se den cuenta y pueda seguir colándose a las fiestas de los demás, su onda cada vez es más fuerte, porque el miedo a la propia vulnerabilidad, a reconocer que el camino es diferente, personal e intransferible, le hace reforzar una onda que le limita y le impide ser ella misma.
Entonces ve que el cambio parece imposible y al tomar el camino más fácil, vivir desde su versión limitada, sólo queda la confrontación, porque cuando tratas de acceder a personas con la onda mejorada, las ondas chocan, no se integran. Y aunque lo sabe, sabe cómo funciona la física cuántica y la teoría de cuerdas, el empecinamiento creado por su falta de humildad y de mirarse al espejo, le hace tropezar consigo misma.
¿Recuerdas lo que dije al principio?: creando una vida propia de la que poder derivar la responsabilidad de cualquier inconveniente que pudiera acontecer, simplemente señalando al “culpable”. Eso es lo que ocurre, acaba culpando a los otros porque siente que les deben algo.
Alaina en realidad tiene un gran corazón, pero cuando lo ha abierto esa onda nueva débil perdió fuerza rápidamente. Es muy duro levantarse tras una caída una y otra vez, pero para eso está la inteligencia superior, para entender que hay veces, como hacen otros, que no queda otra alternativa que afrontar el proceso propio. No hace falta pedir perdón, no hace falta devolver otro favor para compensar, eso desgasta. Sólo hay que perdonarse a sí mismos, ese perdón es simplemente reconocer qué ocurre en nuestro interior y qué debemos transformar.
El arte de la paz, y de la paciencia, la ciencia de la paz. No hay paz posible sin paz interior. Todo empieza por uno mismo.
Te mereces una pausa. Alaina, vas a ser muy feliz. El mundo te necesita en tu mejor versión. Es un hecho.



