Una frase muy bonita, con la que quedamos muy bien cuando la escribimos o la pronunciamos. Es una responsabilidad mantener encendida nuestra antorcha interior y para ello debemos entender los procesos que tienen lugar en nuestro cuerpo, nuestra biología, fisiología, sistema nervioso, etc. También en nuestra mente, nuestra gestión emocional y nuestro comportamiento, ya que como enseña el taoísmo, debemos mantener en equilibrio en la misma dirección cómo pensamos, actuamos y sentimos.
Al mismo tiempo es una responsabilidad no apagar la luz de otros. Gandhi dijo. No hace falta apagar la luz de otros para que la tuya brille. No es fácil lograrlo sobre todo cuando nuestra historia personal está imbuida de muchos capítulos donde no fuimos del todo o nada respetuosos en este sentido y a poco que se despierte alguna memoria la gestión personal se puede volver complicada.
Recordar ese propósito de no permitir que nadie apague nuestra luz, nos debe llevar sin duda alguna a no hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros. Muchas veces las tentaciones, los falsos propósitos, las ilusiones de la mente, las dificultades que encontramos en el camino, no tener un objetivo claro, nos puede hacer que desde el propio dolor tratemos de encontrar una especie de justicia ficticia, porque creemos que nos merecemos lo que otros tienen.
Mantener claro el principio de no permitir que nadie apague nuestra luz interior debe ser ese propósito amplio que abarque una amalgama de frecuencias que nos permita gestionar nuestra propia realidad desde ese principio, porque muchas veces olvidamos que las leyes universales existen para todos, nadie escapa a la ley, y éstas no son leyes por las que nos van a juzgar luego, simplemente son leyes físicas y cuánticas que están imbuidas de frecuencias que luego responden a los efectos que hayamos creado.
Cuando se unen desde este principio sinergias, teniendo en cuenta que nadie está por encima de nadie y que aquéllos que creemos poca cosa son los que nos dan las lecciones más grandes, llegando incluso a poner nuestro mundo interior patas arriba lo oportuno es detenerse, reflexionar, discernir y desde esa mirada interior humilde y sentida, reconocer la verdad que se esconde y que no hemos querido o no hemos podido ver para transformarla.
Ese es el verdadero camino, la transformación, y por mucho que nos volquemos a ayudar a otras personas, muy loable, siempre llega un punto en el que no queda otro remedio para nuestra sanación, que es un proceso de transformación en el largo camino de nuestra evolución personal, en que debemos atender eso que llama a nuestra puerta.
Quizá la ilusión de ver un mundo que hemos imaginado plasmado en la realidad nos confunde y nos lleva a una revolución interior que puede parecer un caos, pero ese caos tiene un orden que es el que debemos encontrar. Es posible que tan solo con dejarlo suceder y observarlo acabe resolviéndose, porque hay un principio que dice que cuando soltamos la atención, es cuando aparece la solución. Esto nos lo han enseñado siempre, como Sócrates que decía que si algo tiene solución , ¿de qué te quejas?, y si no tiene solución ¿de qué te quejas? Einstein decía que donde está el problema no está la solución. Invitaciones de dejar de pretender algo porque el Universo siempre tiene una solución mejor de la que creemos.
La sabiduría popular dice que los amores a la fuerza ahorcan, y contiene la misma connotación. De hecho, es cuando soltamos las cuerdas cuando aparece la verdadera esencia de las cosas y de las personas. Querer algo o a alguien y amarrarse es como la madre que no quiere que a su hijo le pase nada y lo asfixia tanto que desde que se estropea la cuerda o se suelta por un solo instante, el hijo sale corriendo y probablemente no lo vea más, o al menos por bastante tiempo.
De ahí que la liberación empieza por uno mismo, por no permitir que nadie apague nuestra propia luz, y actuar en consecuencia con los demás.
En esta web encontrarás muchos relatos, artículos, historias en definitiva, que muchas veces, como digo en la presentación, no son otra cosa que una forma de tratar de conocerme. Sé que puede llevar a confusión o contradicción algunas historias, pero no dejan ser lo que nos ocurre a todos y cada uno y cada una de los seres humanos.
Una forma de conocerse, de liberarse, de despertar sentimientos y emociones no siempre agradables, pero necesaria para llegar al fondo de lo que nos mueve en cada momento. Ser catalizadores a la vez para que se prenda ese fuego interno, ya sea de rabia, ira, compasión o amor, lo importante es que cuando lo leas sientas qué ocurre en tu interior. Eso te pertenece a ti en ese momento porque de alguna forma lo has adoptado, es hora de soltarlo.
Se trata de ser guerreros y guerreras que vuelven la mirada a su fuego interno para quemar lo que nos impide brillar, alumbrar al mundo con esa luz interior que todos poseemos, única e intransferible. Se trata de resignificar la información que poseemos y crear una nueva versión mejorada.
Oleadas que se mueven por nuestro interior sacudiendo nuestras conciencias. Sonidos que nos llamaban a despertar del letargo. Es la hora.


