Trascender la ley de acción y reacción, el karma, implica ser honestos, impecables, claros, no hacer lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros en definitiva. Ese es el entrenamiento cada vez más intenso que estamos teniendo como humanidad, porque es la única forma de acceder a un nivel de conciencia superior. Todos tenemos pruebas, y más quienes tengan una responsabilidad o los que quieran tenerlas, porque es parte de ser ejemplo para otros.
Estamos siendo influenciados y afectados por un entorno que recibe una dosis de frecuencias altas que producen una reacción en las personas fruto de la confrontación de frecuencias, lo que pone en evidencia la capacidad de gestión emocional de cada individuo, así como la gestión de la propia energía en su cuerpo físico, que se ve afectado por ese choque de frecuencias.
Se produce así reacciones muchas veces inesperadas de alguien que siempre ha parecido muy equilibrado, pero que al aflorar una emoción y la afección correspondiente en el órgano relacionado con tal emoción, se vuelve prácticamente irreconocible, ya sea por su ira, su pensamiento, etc. Muchas veces hemos optado por preferir estar todo el día de risas para no hacer frente a algo que no nos gusta. Nos enseñaron que al mal tiempo buena cara, y es verdad, pero si no lleva emparejado la toma de conciencia ha producido el efecto contrario, hemos escondido la emoción para no afrontarla por el miedo a que se destape la caja de pandora, otras porque, hay que ser justos, no somos capaces de gestionarlas en ese momento.
Cuando nos sentimos mal anímicamente y recurrimos a químicos para sobreponernos, aunque a veces es imprescindible, si no lleva aparejada la toma de conciencia, no resolvemos nada, simplemente dilatamos en el tiempo la solución, corriendo el riesgo de que la bola haya crecido demasiado y cuando estalla sea, al menos, más profunda catarsis. Pero eso sí, cada cual tiene que conocer cuándo puede afrontar o no una situación.
Por eso es tan importante la gestión emocional y de la propia energía, porque nos permite recuperar en poco tiempo el equilibrio, que nos permite acceder a su vez a nuestra intuición, nuestra propia sabiduría.
Estamos en un tiempo de poda, para que los árboles retoñen con más fuerza y más vida. En esa poda, el aprendizaje es simplificar, porque tal vez hemos llegado a un momento en que comenzamos a vernos superados y somos incapaces de gestionar la propia energía, quizá para ayudar a otros, quizá para un emprendimiento.
Mientras, debemos buscar ese tiempo de reflexión sobre lo que hemos hecho, como decía Pitágoras, para recapacitar, encontrar el equilibrio, restaurar la energía y tener la lucidez que nos permite tomar nuevas decisiones, porque en un tiempo tan desafiante como el que vivimos, nadie es capaz por sí mismo de asumirlo todo. Por eso es importante reconocer el propio diseño, biológico y psíquico, para actuar en consecuencia, ya que los viejos patrones se han puesto en evidencia y cada vez más rápidamente colapsarán. Esto está relacionado con Hombre, conócete a ti mismo.
A veces resulta muy duro ponerlo en práctica, sobre todo cuando otras personas dependen de nosotros o se sientan apoyados por nosotros. Pero sin esa pausa, corremos el riesgo de colapsar y no podremos ser de ayuda, sí de ejemplo de qué no hacer.
La vida nos pone en una tesitura complicada a veces para que tratemos de ver con más claridad o de detenernos y reconocer que un paso atrás no es una derrota, solo es una forma de no caer por el precipicio.
Llegaron a encerrarnos en casa para reflexionar. Yo te pregunto: ¿si te encierran mañana, estarías en armonía con quienes tienes alrededor? ¿Te sentirías en buena compañía?
Orden, armonía, conciencia… ¿cómo gestionas el caos? ¿Te supera? ¿Te desestabiliza? ¿A qué recurres para superarlo? ¿Qué sientes al hacerte estas preguntas? ¿Eres capaz de valorar las cosas sencillas?



