El Maestro dijo: No juzguéis para no ser juzgados. Hay una raya muy fina entre el juicio y un propósito hecho con la mejor voluntad. Desear algo muchas veces, con la creencia de que es lo más justo para uno y para otros, puede ocultar un miedo, una herida emocional o una creencia limitante. El niño generalmente quiere que ganen los buenos, por eso admira a los superhéroes, y eso es una forma de querer hacer justicia.
Crecemos y ese niño sigue en nosotros, o bien haciendo justicia porque nos sentimos fuertes y elegidos para traer la paz y la justicia al mundo, o bien porque somos tan buenos que deseamos que los malos caigan, pierdan sus facultades, les ocurra algo, en definitiva, que les impida seguir ejerciendo su maldad.
En todos los casos somos parte de una de las polaridades de esa energía de juicio, de ahí que la línea sea tan fina y difícil muchas veces de identificar. No en esos casos tan evidentes, sino en nuestra vida, según las circunstancias que estamos viviendo o siendo parte de ellas de alguna forma, aunque seamos meros expectadores.
Como seres humanos necesitamos conectar con la energía de la paz y la armonía porque es nuestra esencia básica, y siempre está latente, aunque hay veces que la distorsión es tal que no lo parezca. Asumimos un rol y con él andamos por la vida. Hacernos conscientes de ello nos va a ayudar a vigilar nuestras expresiones, nuestros pensamientos, porque los pensamientos son ondas que emitimos al campo cuántico, al entorno, y estamos afectándolo continuamente.
Parece que si no tomamos parte de alguna forma blandiendo la espada de la justicia o aplaudiendo a quien la porta, estamos siendo débiles o estamos dejando de hacer algo por los demás o por la vida, pero se trata de hacerlo desde el equilibrio, para así poder ser una aportación más a ese equilibrio. No se trata de no hacer nada, se trata de hacer y ser conscientes cuando actuamos para no contribuir a que el daño sea mayor.
Corregir cuando haya que corregir, y estar atentos. El trabajo es interno, de cada uno, y aunque sea un tópico ya demasiado escuchado no por ello es menos cierto. Expresiones como “yo soy así…”, o “y ¿qué voy a hacer?… no nos ayudan a transformarnos. Y si no nos transformamos no transformaremos el mundo, que es el anhelo principal del niño al que le gustaban los superhéroes.
Es muy importante recuperar esa energía sana, ese anhelo, pero desde la consciencia adquirida de mayores, para mantener la voluntad de no perder el equilibrio. No es fácil, pero se trata de volver a él lo más rápido posible.
Reinventarse, volver al origen, renacer, son expresiones que pueden definir este proceso. La vida necesita que tomemos esa responsabilidad, dejar de repetir los mismos patrones con los que hemos creado lo que vemos en el mundo y para ello hay que dejar de alimentar esa energía.
La paz puede parecer algo carente de significado porque nos resulta muy sosa o carente de sustancia, porque estamos acostumbrados a una acción que no se ajusta a los cánones de una actividad que nos hace sentir vivos por las emociones que lleva aparejadas. Cuando nos relajamos y sentimos paz, el cuerpo lo agradece, al soltar el estrés.
Ese estrés es el que necesitamos para movernos, para hacer algo, pero lo debemos gestionar y mantener a un nivel que no sea demasiado intenso ni sostenido en el tiempo. Necesitamos energía para movernos, pero también necesitamos reorientar esa energía para ejecutar acciones que nos lleven a una convivencia en armonía, coherente con la energía primordial.
Aprender a vivir sin conflictos es quizá el reto mayor a que nos enfrentamos como humanidad, pero aquí volvemos nuevamente a los juicios. ¿Qué crees que tienes que corregir en alguien? Muchas veces es simplemente una reacción del instinto básico o animal del humano, lo que llamamos EGO. Una reacción del sistema límbico. Eso sí, bajo la creencia de ser Dios que está haciendo justicia para que el mundo deje de ser un foco de distorsión.
Pregúntale a aquel niño, ¿de verdad crees que tú vas arreglar un mundo compuesto por tantos millones de personas? ¿No crees que en el fondo, tú y otros como tú pueden estar colaborando a intensificar esa energía o a no permitir que otros puedan ser conscientes de que la realidad debe cambiar? ¿No te habrás convertido en un tirano creyéndote el más justo?
Como dije, la línea es muy fina. Las creencias, las heridas emocionales y los miedos filtran la visión que tenemos de la realidad.
Y quizá la pregunta más importante, ¿eres realmente capaz de hacerte esas preguntas con total honestidad e intención?
Hay una expresión de la sabiduría popular que dice: si uno no quiere, dos no pelean. Gandhi dijo: sé el ejemplo que quieres ver en el mundo.



