La película llega a su fin. La vi muchas veces, aprendí mucho de la trama, los personajes, cómo la realidad supera la ficción, cómo lo que creímos que éramos en definitiva acabaron asumiéndolo actores que contratamos para demostrarnos que éramos mucho más, ya que acabaron haciendo suyos los papeles del reparto.
Sin embargo, llegó un momento en que ya cada escena, cada diálogo, cada fotograma, dejó de sorprenderme. En ese momento, dejé a los personajes en su bucle y cambié el rollo para visionar otra película que también escribí, más real en apariencia, pero solo en apariencia.
Aprendí de las miserias, del por qué como humanidad llegamos donde llegamos, cómo cuando se le da ciertas prestaciones o habilidades a quienes no saben utilizarlas para un bien general, o mayor como se suele decir, se vuelve en contra de los demás y finalmente de esas mismas personas.
Es una de las claves para entender por qué llegamos a estancarnos como humanidad, porque en momentos de presión, llegan a utilizar aquello que se les concede como algo a cuidar y de lo que hacerse responsable, como un recurso de control hacia otros para su propio interés espurio o egoísta.
Así pude verme en tantos otros para conocerme y llegar a este momento en que aunque aparentemente esté haciendo las mismas cosas, no soy el mismo, porque una vez cambié de lugar y aquellos me siguieron, por lo tanto, se trata de soltar esos personajes esté yo donde esté, aunque físicamente parezca el mismo lugar.
Ahora los dejo, que comienza la nueva película. Que su propia luz les guíe y acompañe.



