Llega la Navidad y tratamos de conectar con nuestros seres queridos, con nuestros anhelos más profundos de encarnar la energía solar, donde nazca un nuevo sentido en base a la conexión con el corazón. Conectar con la paz interior que es el paso inmediatamente anterior a la iluminación, el que nos permite tener un momento de “insight”, de “Dejavu”, o de “Ajá”.
Pequeños momentos que se dan tras un recogimiento interno, donde la energía nos invita a conectar con nuestro niño interior, aquél que se sintió herido y reconocer traumas enquistados que nos permitan dar un salto en nuestro camino interior.
Por momentos, sin darnos cuenta, parece que volvemos al pasado, a recordar viejos vínculos, a revivir historias que se repiten para que podamos dar un giro a nuestra vida. Momentos de recogimiento, de interiorización, para continuar con la puerta que abrió el solsticio de invierno en el hemisferio norte, verano en el hemisferio sur, donde las hojas del otoño ya cayeron y el frío y la nieve cubre las viejas historias para que las dejemos atrás.
Tiempo de regenerar nuestra vida, para que en la primavera florezcan nuevos proyectos, una nueva mirada a la vida, por lo que ahora es necesario revisar el pasado y planificar, reestructurar, dejar que el poso del vino se asiente tras el movimiento del viento y las tempestades. Un período de hibernación para desde la conexión interna crear algo nuevo.
Debemos recordar que todos los decretos que hagamos, lo que deseemos, siempre empieza por nosotros, si deseamos claridad, y paz, se moverá lo que tenga que moverse para que tengamos claridad y paz en nuestra vida. Tiempo para recordar una vez más que por esa razón, el único cambio posible en la sociedad empieza por nosotros mismos, por nosotras. Nadie es salvador, nadie es solucionador de nadie, solo debemos tratar de convertirnos en lo que queremos ver en el mundo, ser un ejemplo.
Son nuestras acciones, palabra, pensamientos y sentimientos las que dan coherencia a lo que creamos, por eso cuando algo entra en contradicción, se siente en el cuerpo. Esa es la verdadera libertad, esa es la verdadera motivación que nos debe mover. Volver a lo simple, conectar con nuestra propia verdad, y escucharnos cuando hablamos, vernos cuando actuamos, observar nuestra conversación interior. De las contradicciones aparecen los contrastes y los claroscuros que pintan nuestra obra que es la vida. Sin culpa, sin culpar, sin reproches, solo atención, propiocepción, interocepción, mirada al interior.
Alinearnos con los ciclos de la vida nos ayuda a que el camino sea más fácil, pero no siempre es posible hacerlo, sea por desconocerlo o por fuerza mayor. En un mundo donde cada vez la hiperactividad es más intensa y la depresión por no encontrar nuestro camino, la vida nos da señales de que el camino es otro, pero debemos dar el paso. Podemos estar a un solo pensamiento, a una sola palabra, a un solo hecho… pero también necesitamos sincronización.
Devolver el golpe puede ser una posibilidad, pero no ayuda. No ser coherentes no ayuda. No ser conscientes de nuestro estado emocional no ayuda. No ser conscientes de nuestra energía no ayuda. Pero es nuestra responsabilidad.



