En la vida pasamos situaciones difíciles, otras menos, y otras placenteras. De todas ellas debemos aprender, ser conscientes de cada una, de lo que nos muestra de nosotros y de nuestras relaciones. Sacamos un aprendizaje de cada una de ellas, aunque de las difíciles se nos quedan más las lecciones aprendidas, porque el dolor nos hace ser más conscientes y en teoría es el que nos impulsa al cambio cuando tomamos consciencia de su origen.
La clave está en ver las cosas tal como son, sin culpar pero tampoco culpándonos nosotros, porque siempre hay dos extremos en una línea recta.
La línea es el dolor, los extremos las causas. Cuando entendemos las causas queda la línea tal y como es, ilimitada. Los extremos son solo una ilusión o los límites de nuestra propia visión de la vida.
Cuando tenemos un conflicto con alguien, desde que uno de los dos trata de tener razón, la línea sigue estando limitada. Podemos creer que ceder es la solución, pero eso acaba reforzando al otro extremo que se cree en posesión de la verdad y no es así. La verdad es toda la línea que cuando la miramos más de cerca vemos que realmente está formada por una multitud de puntos que nuestra imaginación ha unido y dado forma de línea continua.
Estos puntos están tan cerca porque es una amalgama de circunstancias, de tomas de consciencia, de posibilidades que una vez colapsaron y dieron paso a otros puntos que según su resonancia pudieron entrar en conflicto con alguno de los ya existentes, interrumpiendo nuestra visión de la línea.
Por eso hay que entender que el perdón no se impone, porque no somos nadie para perdonar a nadie. Lo que ocurre muchas veces es que no sabemos cómo resolver las situaciones para dejar que todo deje de estar en fricción y continuar con nuestra vida, así que perdonamos a los demás con la esperanza de que todo acabe.
Sin embargo, debemos recordar que el perdón es reconocimiento, y reconocer que nosotros somos inocentes, que lo que ocurrió fue parte de una elección que hicimos pero que en algún otro punto alguien también la hizo, por lo que podemos entender que siempre todo lo que ocurre es cosa de dos. Es desde la humildad y no tratar de imponer nuestra razón a los demás, así como no permitir que nos impongan su razón los demás, por muy insistentes y hábiles que puedan ser negociando, como se resuelve el conflicto.
En medio de la situación se habrán producido muchas otras situaciones que tampoco habrán sido armoniosas, pero no se puede pretender hacer un borrón y ya está, porque es parte de nuestras tomas de consciencia, de lo que ocurrió y de cómo cada parte pudo gestionar lo sucedido.
Si alguien tiene una posición de poder sobre otro, tratará de someterlo por todos los medios, y es así donde debemos ser conscientes de todas las partes. Tanto si somos los sometidos como los sometedores. Ahí está el aprendizaje para todos y la solución es verlo todo como es, no borrarlo, porque si hemos sido abusados de alguna forma, es posible que antes también hayamos abusado. Pero si ahora estamos abusando, no siempre es porque sea una forma de reparación y ahora estamos sometiendo a un abusador para que aprenda la lección, ya que nosomos jueces ni brazos ejecutores de nada ni de nadie.
La vida nos muestra una parte de nuestra historia, algún capítulo, para que actuemos en consecuencia. Muchas veces a quienes abusan se les da más poder para ver hasta qué punto son capaces de llegar, dónde está su límite. Hasta que un día, si es afortunado o afortunada, se le presente la situación contraria y le muestre la información donde puede comprobar que lo que está haciendo no es justicia, sino repitiendo un patrón.
Podemos decir que se ha perdido una gran oportunidad de saber qué es el perdón a través de otras personas, al comprender que no somos justicieros, pero también que ha cumplido una función: mostrar a otros sus puntos a trabajar.
Entonces, cuando perdonamos a otros en realidad, ¿estamos perdonando porque nos creemos superiores y estamos “haciendo justicia”? Muchas veces suele pasar así. Creo que la mejor forma de perdón es el reconocimiento de que lo que pasamos es como es, con todas las versiones de lo ocurrido, y esas son nuestras lecciones y las de los demás son las suyas con su propio camino.
Cuando optamos por obviarlo todo y aquí no ha pasado nada, no estamos haciendo ningún favor a nadie, simplemente estamos tratando de seguir adelante, de sobrevivir.
Estamos en una época en que la verdad se hace cada vez más patente, se nos muestra a todos y cada uno para que rompamos viejos patrones y entendamos que la forma de vivir es otra, donde prime la armonía y la expansión de consciencia.
De ahí que sea tan importante ver las cosas tal como son, que no somos mejores ni peores que nadie, que cuando así lo vemos es porque algo en nuestro interior se está mostrando como herida del pasado, algunos de esos puntos en conflicto que se han activado.
Ser responsables es lo que toca, ver en nuestro interior antes de que nos pongan la película en la que vemos que lo que creemos “justo” es simplemente una repetición de puntos en conflicto.
Volver la mirada a nosotros cuando pretendemos que alguien haga algo en nombre de no sabemos bien qué; cuando nos sentimos heridos porque no nos comprenden; porque no entienden que todo lo hacemos por su bien; porque entendemos que la mejor forma que tiene de hacer algo es como lo vemos claramente nosotros, o porque nos sentimos excluidos o rechazados…
Las mayores lecciones las aprendemos de aquellos o aquellas que creemos inferiores o débiles, porque nunca sabemos dónde se esconde Dios, Shiva, el Tao o la Conciencia Infinita.
Formamos parte de un campo cuántico que es una conciencia unificada donde se encuentra toda la información y todos los arquetipos que nos muestran diferentes caminos para tomar conciencia. Estos caminos son infinitos, como nosotros y nosotras.
En realidad, estamos tratando de recordar que desde la armonía también se aprende, pero que para hacerlo tenemos que cambiar nuestra mirada y poner el foco y el horizonte en tratar de tratar de hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hicieran y que cuando tenemos un revés, no es la solución tratar de enseñar a nadie (ser justicieros) ni devolver el golpe (venganza). Pero tampoco escondernos en nuestras fortalezas para “seducir” a los demás a que actúen como nos conviene.
Es el verdadero aprendizaje que estamos tardando de proponernos como humanidad. De ahí que sea tan oportuno detenernos, mirar a nuestro interior y preguntarnos honestamente ¿a dónde estoy dirigiéndome con esta actitud?
Sea como sea, no deja de ser curioso cómo a personas que se inmiscuyen en la vida de los demás, al nivel que sea, cuando le haces una pregunta directa, te responden vagamente, queriendo saber tu intención con la pregunta, dando rodeos y/o escondiéndose para no mostrarse. O simplemente no respondiendo porque no es de nuestro interés su vida personal. Pero como experimento, está muy bien: hacen a los demás lo que no quieren que le hagan.
Otra forma de aprender sobre la consciencia del ser humano, sobre la sombra y la luz, sobre los miedos a través de otros sin experimentarlo en nuestro propio cuerpo, porque muchas veces ponemos en un pedestal a alguien por lo cualquier cosa que sea capaz de hacer y que nosotros no, hasta que nos sorprende con algo tan simple como eso.
El equilibrio es saber reconocer nuestras propias Zonas erróneas, como dijo Wayne Dyer, ver cuándo el niño herido que se sintió no comprendido, no reconocido, abandonado, no valorado, dolorido emocionalmente por lo que un día interpretó así y prestarle atención, darle tiempo y atenderlo.
Todo un aprendizaje.



