Muchas veces nos agarramos a situaciones o relaciones tóxicas porque buscamos sufrir de alguna forma. Unas veces para ser castigados, otras para purgar una culpa, otras por inconsciencia simplemente y en todas, sea consciente o inconscientemente, para liberarnos de creencias, emociones y programaciones limitantes.
Hemos sido víctimas y victimarios, lo estamos siendo en realidad en diferentes versiones. En una somos buenos, en otras no tanto, y en otras nos comportamos de forma abusiva o al menos no del todo correcta, entendiendo correcta por estar alineados con la mejor versión y con un comportamiento alineado con las cualidades más elevadas consciencialmente.
Cuando nuestra frecuencia baja, accedemos a una sopa cuántica de bajas vibraciones que llevan aparejadas cualidades de baja vibración, como la venganza, la ira, la vergüenza, el miedo… Todo está presente en el campo y es nuestra configuración y nuestra frecuencia la que activa ciertos programas.
Estamos haciendo un viaje como el que el protagonista de la película Desafío total, Arnold Schwarzenegger, compró en una agencia de viajes en la que le conectaban un código para vivir una experiencia. Su viaje escondía una misión, recordar quién era. Él mismo se dejó pistas para llegar a su destino y descubrir a quienes le habían engañado.
En lo que nos centramos es en el viaje en sí. Descubrir las pistas que dejamos para reencontrarnos y recordar quiénes somos. Para eso debemos superar muchos ostáculos en el camino, trampas que ideamos y enemigos que contratamos para que nos lo pongan difícil. También amigos que nos ayuden con alguna clave para cuando estemos atascados y poder así tomar un impulso que nos permita avanzar.
Su tarea no es buscar el amor, sino que limitarse a buscar y encontrar todas las barreras dentro de usted mismo que ha construido en contra de él.
Rumi
Buscamos el amor en forma de personas o mascotas, lo que nos ayuda a tener nuevas experiencias y poder conocernos, tanto por medio del otro como por la propia consciencia que vayamos adquiriendo de lo que vamos descubriendo en nuestro interior.
El amor es cohesión, lo que amalgama todo lo que existe, de ahí que cuando hay fricción es por la diferencia de frecuencia que existe entre los elementos, en este caso nosotros. Ocurre porque estamos buscando algo que no recordamos, la unión a ese Campo Unificado de consciencia en armonía, tratando de encontrar la coherencia que es lo que permite esa cohesión.
De ahí que alguien tan sabio como Rumi nos recuerde, aunque lo haya dicho hace ya mucho tiempo, que los conflictos están en nuestro interior, lo que demuestra que esa búsqueda es muy larga, desde hace ya mucho tiempo. El egoísmo no es mirar hacia adentro, es mirar solo para adentro, sin la conciencia de que formamos parte de algo mayor, ya que somos células inmersas en una sopa cuántica con apariencia de materia que tienen vida propia y que buscan a través de su resonancia su encuentro con el resto de células que forman un cuerpo mayor.
En biología se utiliza el término endosimbiosis para describir este efecto, como las matrioskas, esas muñecas rusas que encajan cada una en el interior de la otra, a modo de capas de cebolla. Esa relación simbiótica de una célula en el interior de otra, parece ser que forma parte del origen de la vida y / o de las especies. La superficie permeable de unas células permiten que un organismo penetre en ellas y así se va configurando una nueva vida o existencia.
Si la biología funciona así, y está presente en el cuerpo que habitamos, quizá debamos ser más permeables a la vida, a la tolerancia, a no ser egoístas, porque ya vemos que debemos ocuparnos de nuestra propia existencia, pero sin olvidar que formamos parte de una existencia mayor.
Lo podemos llamar como querramos pero es un principio que los micro-organismos nos muestran, y si tenemos en cuenta que como es adentro es afuera, y viceversa, como humanidad estamos yendo en contra de la propia naturaleza, en contra de los principios que nos dan forma.
Esta aparente división es así porque cada célula, nosotros, está encargada de llevar a cabo una parte de la existencia, de procesar datos para configurar una realidad que como en la película mencionada, es pura ficción, pero que parece muy real. Por eso se trata de reencontrarnos con ese momento que dio lugar a que decidiéramos realizar ese viaje y tener experiencias para recrear la película.
La clave la da nuestra vibración y nuestra energía, porque se trata de eso, de acumular energía vibrando a una frecuencia alta, para así lograr llegar a la iluminación, que es el encuentro con esa sopa cuántica que vibra en lo que nosotros llamamos amor, para entendernos de alguna manera. Un amor incondicional, porque no tiene etiquetas, simplemente es.
El día vendrá cuando, después de conquistar el espacio, los vientos, las mareas, la gravitación, debamos conquistar, con Dios, la energía del Amor. Y en ese día, por segunda vez en la historia del mundo, volveremos a haber descubierto el fuego
Pierre Tielhard De Chardin. Filósofo francés.


