Muchas veces tenemos que recurrir a terapias, tratamientos psicológicos, etc. porque llegamos a un punto que somos incapaces de gestionar el dolor, tanto emocional como físico. Sin embargo, generalmente la conclusión a la que se llega, incluso cuando se trata de terapias transpersonales, es que en alguna línea de tiempo o fractal, alguna vida pasada o futura, hubo algún acontecimiento que desencadenó un proceso que acabó en trauma. Un trauma que se enquista y que deja una huella energética que algún día se vuelve a activar, llegando a revivir lo mismo con otras circunstancias.
Ese trauma se produjo por falta de amor, de entender qué es el amor. Cuando alguien te dice no, pues no, y ya está. Si nos aferramos a que nos debe algo, ya estamos en problemas creando una guerra.
El egoísmo, dar esperando que nos devuelvan consciente o inconscientemente como recompensa, los celos, porque le diste a aquél y a mí no, porque dame a mí que soy mejor y valgo más, en fin cualquier cosa que vista en frío y en la distancia lo veríamos como algo sin importancia, pueril o cuando menos, producto del calor del momento.
Se originan así disputas, fruto de esa intolerancia, de miedos ocultos que destapan lo más bajo, incluso muy bajo, dejando a relucir las miserias del ser humano que ha sido castigado por el imperio del autoritarismo que cree defender una causa noble o simplemente del que se sabe tirano y que cree que está aquí para cumplir un rol, sentado a la diestra de Dios.
Eso no lo vemos en los animales. Tienen la capacidad de la resiliencia que los humanos olvidamos si la llegamos a tener alguna vez. Son maestros que están aquí, sufriendo muchas veces, para demostrarnos que todo es más simple, y que si atacan, es porque su instinto animal le hace defenderse por un dolor físico o emocional.
Como seres humanos tenemos que trascender el instinto animal y obviar las provocaciones y los actos inconscientes, aunque tengan tintes de cierta dosis de maldad. Estamos viviendo un escenario donde se está poniendo en evidencia de forma sibilina unas veces y tácita en otras, todo esto. Por lo tanto, más que terapias, que también, necesitamos entornos de armonía y amor. Un clima en que seamos capaces de trascender el cortisol, dejar a un lado el estrés y valorar la calma, la paz. Por eso se pone todo más tenso, para que aprendamos a valorar lo importante.
Y aceptar que no es no. Nadie tiene que hacerse cargo de nadie si no quiere, nadie tiene la obligación de rendirle pleitesía a nadie si no está en sí seguir a alguien o ser co-partícipe de su causa, por más noble que sea. Y esa es la clave que muestra quién es realmente un verdadero maestro a quien seguir o no. Todos los que habitamos este planeta hemos venido a aprender una lección, que en definitiva se reduce a tolerancia, resiliencia y amor.
Dejo a cada quien con sus propias lecciones, si alguien quiere mi colaboración, aunque sea puntual, que no me invada, acérquese con respeto, aunque sea mucho más grande que yo, y así se habrá ganado, al menos mi respeto, luego veré si puedo o no colaborar.
Siempre pongo un ejemplo de alguien vivo que lleva esto a la práctica en su vida, René Mey. Hace tiempo que lo entendió y lo practica. A quien tenga misiones muy trascendentes, hacer mucho ruido mediático, replantearse sus proyectos desde la base, porque las reglas ha cambiado, o llevar a cabo proyectos que crea novedosos y que puedan aportar algo, más que a su propio EGO, adelante, el mundo lo necesita. Yo prefiero moverme paso a paso, con honestidad sin traicionar mis propias ideas, tratando de ser coherente y poner así una parte que creo necesaria en un puzle inmenso que es esta realidad.
Paso a paso, pero con respeto. Si te crees mejor que yo, te doy la razón, lo eres, por eso entiendo que no te sea necesario. No pierdas tu tiempo conmigo.
No es fácil tratar de ser uno mismo, pero la clave está en el autoconocimiento y no caer en ciertas máximas como “para atrás ni para tomar impulso”, porque eso puede que nos lleve al abismo. No pasa nada por reinventarse, por tratar de encontrar nuevos socios, por reconocer que casi todo está ya inventado y que todos los inventos, todos, han sido y son, para encontrar el camino a nuestro corazón, a nuestro centro. Sólo se necesita una buena dosis de valentía para llevarlo a cabo.


