Hilos invisibles movidos por unas manos temerosas que ocultan su miedo tras sus sombras que tratan de proyectar en mí. Muéstrate al mundo, libera tus miedos, tus inseguridades, haz tú lo que tienes que hacer y no lo hagas a través de mí. Se valiente, descálzate de unos zapatos prietos que son tus propias mentiras que cuentas a otros, a los que señalas culpando cual infante de tus propios desengaños.
El teatro está bien cuando los espectadores saben que hay alguien tras el juego de máscaras, en el teatro de sombras por el que pagamos una entrada. Exponerse no es fácil, hacerlo consciente menos aún. Permite que el foco te ilumine, agarra la varilla y haz equilibrio con los platos chinos a la vista de todos. Niños y mayores admirarán tus malabares. No temas romper algún plato, es parte del juego ser vulnerable, porque no perseguimos la perfección, solo alcanzar la Divinidad.
Elévate, crece, hazme sentir que valió la pena dejarte jugar, pero quizá me equivoqué, y tuve que ser más riguroso, no permitirte expresar tu niñez y tu adolescencia aunque fueras ya mayor.
Sé que eres capaz. Atrévete. Vuelve a ti. Permítete tu propia compañía.
Cualquier momento es un buen momento para empezar.


