Muchas veces nos crean el problema para luego ofrecernos la solución. Esto ocurre en todos los niveles y planos de la existencia. Estamos en una ensalada que está aderezada por las fortalezas y debilidades de cada uno de los ingredientes que la componen: nosotros y nosotras. Huyo de quienes vienen a resolverme la vida porque generalmente tienen más que resolver en la suya propia y la aparente solución que ofrece es más bien su propia salvación, pero más allá de todo, supone una pérdida del propio poder.
Utilizan su situación de privilegio para someter a otros y otras sin que se den cuenta, como hace el trilero. Ante nuestros propios ojos juegan con nuestros sentidos y percepciones para llevarnos a su terreno, nos dejan creer, como el trilero, que estamos ganando y en un instante, cuando hemos apostado todo lo que tenemos, nos lo arrebatan todo, pero eso sí, fue nuestra elección, porque nadie nos forzó a que jugáramos, o así nos dicen.
Jugamos inconscientemente llevados unas veces por la confianza que hemos depositado en alguien, otras veces por nuestra propia ambición de tener más, ya sea material o no. En cualquier caso, estamos formando parte de un sueño dentro de otro sueño que es la vida, ya que como dicen las tradiciones orientales, todo es maya, todo está cubierto por un fino velo que disfraza la realidad.
Hay veces en que un gurú, que aunque esté iluminado no tiene por qué estar alineado con el servicio a los demás, a una entrega por el bien del crecimiento de la consciencia, utiliza a personas para que le sirva de herramienta para sus fines egoístas, la mayor parte de las veces espúreos. Creemos que estamos trabajando por un bien mayor, por algo que va a hacer que los demás asciendan consciencialmente para formar una sociedad en la que prime el bien individual y colectivo, pero nos pueden desviar del camino.
Cuando alguien se ilumina, ha limpiado todo su karma, el impulso como seres humanos es entrar en dharma, o lo que es lo mismo, en el servicio a los demás, darse a alguna causa que ayude a aliviar el dolor de otros o a crecer consciencialmente, que pueda liberarse por sí mismos de la carga que les impide ser libres.
Nunca sabemos cuándo estamos entablando una nueva relación como esta, ya que una simple partida de cartas puede estar siendo el escenario donde nos decantamos por uno o por otro y hacemos un contrato que nos ata a esa persona. Esto puede provocar que nada cambie, solo cambia el escenario, porque lo que interesa al final es el propio bien de esa persona o falso gurú (ver este artículo). O nos lanzan a los leones para que las fieras vengan a devorarnos y nos rindamos a nuestro salvador. Huyo de los salvadores y salvadoras. La vida me ha demostrado que cuando todo es transparente la actitud de las personas es diferente.
Cuando tienden a esconderse, están actuando desde su propia herida, y ponen sus dones al servicio de sus propias debilidades. Cuando tienden a atacarnos, actúan desde su propio miedo a enfrentarse a sí mismos. Prueba a ponerles un papel en blanco y pide que lo firmen, que ya tú lo redactarás. No lo harán, como es obvio. Sin embargo, al contrario de lo que nos enseñó el Maestro, quieren para nosotros lo que no quieren para sí mismos.
En la vida llega un momento en que hay que parar, es lo más sano. Hace unos años nos obligaron a parar para que reflexionáramos, para que cambiáramos nuestras actitudes, para que volviéramos nuestra mirada al interior y corrigiéramos a través de la propia consciencia lo que está en distorsión, para que discerniéramos. Pero el ser humano es el único animal que no aprende de sus errores, fruto muchas veces de no reconocer que no somos invencibles, que no somos invulnerables, que no somos omnipotentes.
Tender a la omniescencia y omnipotencia es un buen punto de referencia, pero debemos recorrer un largo camino y uno de ellos es a reconocer las propias carencias y poner nuestras fortalezas al servicio de los demás. Es verdad que no se puede hacer con todos porque no todos nos van a recibir como esperamos, pero lo que sí es cierto es que no podemos imponer nuestras ideas a los demás ni nuestra ayuda. Un ofrecimiento sí, pero el dolor, aprender a base de dolor como hacemos en este planeta, ha creado una memoria celular de total resistencia a lo exterior, por muy bonito que venga disfrazado.
De cualquier manera, son nuestras acciones las que nos definen, las que dicen en qué momento consciencial estamos. Hay muchas formas de ser conscientes, pero la fundamental es escucharse a sí mismos. Cuando conectamos con otras personas, podemos sentir y percibir su dolor también, que ya no es nuestro porque no nos hace cambiar, pero ¿cómo hacer que entiendan que el trabajo es sobre sí mismos cuando se creen gurús que están por encima de muchos de nosotros?
Otra cosa que nos definen son nuestras carencias, nuestros puntos a trabajar, y muchas veces, la envidia que sentimos, la rivalidad, la competencia, la ira, la frustración, sentir que no valemos, no es nuestro, simplemente es un agujero por el que se han colado otros que no se han trabajado lo suficiente. Si buscas el amor, es porque no te amas. Si buscan que otro supla una carencia tuya, no estás en el camino correcto de lanzarte por ti mismo a afrontarlo, porque toda búsqueda nos hace entrar en un bucle infinito sin salida.
Si por ejemplo tienen un problema de comunicación, generalmente puede ser por no controlar las emociones, los impulsos. Ese es tu trabajo. Para enseñar hay que saber comunicar, entonces en lugar de transformar la propia energía, vuelca en otros su ira como forma de venganza, pero que en realidad es la frustración que siente por no saber o no querer afrontarlo. O más bien, por no querer reconocerlo. Una vez más, es el EGO manifestándose.
Estamos en la materia y como tal debemos expresarnos espiritualmente en la materia. Si tienes el don de la telepatía está genial, pero si tienes que trabajar la comunicación, no queda otra que tomar tierra, deshacerte de tus propias frustraciones y afrontarlo lanzándote a corregir lo que te limita por ti mismo, por ti misa.
Es un ejemplo que puede extrapolarse a cualquier otra situación, a cualquier otra circunstancia. No quiere decir que seamos malas personas por sentir ira, sólo que no estamos sabiendo gestionarlo bien. Y muchas veces elegimos a los que más nos han ayudado, de forma incondicional, como víctimas. Pero un día, esto se acaba, y debemos afrontarlo por nosotros mismos.
Y por supuesto, el refrán “a río revuelto, ganancia de pescadores” hace referencia a que siempre hay personas interesadas en sembrar discordia para quedarse afuera y enfrentar a otros para que no progresen. Lo curioso aquí, es cómo por el propio EGO, por las cargas y obligaciones que nos hemos impuesto, nos hemos atado a no poder ampliar el círculo de acción estableciendo lazos que logren romper toda esa distorsión.
Necesitamos hacer análisis como este no para quedarnos en él, en ver la parte negativa, en quedarnos encerrados en el “no se puede”, sino para al menos no poner trabas a los demás a que sigan avanzando y liberarnos de cargas, porque si no lo hacemos, lo único que logramos es estancarnos. Somos seres completos y solemos olvidarlo con mucha frecuencia porque alguien nos dice que no es así, y es verdad que también somos seres sociales, pero la completitud se logra primero creyéndoselo, caminando sin mirar a los demás creyendo que no son completos y transformando lo que nos limita con el trabajo interior brutalmente honesto.
Se requiere un nuevo pacto social, pero éste comienza por un nuevo pacto con nosotros mismos.



