Si te detienes un momento y miras hacia atrás puedes ver las huellas que has dejado en el camino andado. Cada una de ellas son los pasos que has dado y que te han traído a donde estás en este momento. Si miras en otra dirección y ves a otra persona, tras ellas estarán sus huellas. Como puedes ver puede que algunas se solapen con las tuyas pero no van a coincidir exactamente. Puede que se crucen incluso más de una vez, pero esa persona ha recorrido un camino que también le ha llevado justamente a donde está ahora.
En cada una de esas huellas hay una historia que a su vez forma parte de una historia mayor, la tuya. Contiene tanta información que has decidido olvidarla porque lo importante es donde estás actualmente. Pero si miras con atención y le preguntas porque necesitas saber algo para entender lo que te sucede verás que de alguna manera te responderá y se te revelará ante ti lo que necesites para continuar andando.
Podrás comprobar que el camino no ha sido en línea recta, que a veces has andado formando círculos, otras te has desviado y recorrido un largo trecho para reencontrarte un paso más adelante del que un día diste, como si volvieras a la senda correcta. Tampoco siempre te dirigías hacia donde estás ahora. Ves que retrocediste muchas veces, que incluso te alejaste tanto que se pierden las huellas. Hay huellas que parecen hundirse más, señal de que has estado tiempo en el mismo lugar.
Cuando ves todo ese garabato intentas pensar en cada una de ellas, preguntándote porqué diste tantas vueltas para avanzar unos pocos pasos. No te castigues. No pienses en los motivos que te llevaron a andar sin sentido porque si lo haces, en ese momento estarás retrocediendo sobre tus pasos, pues si te involucras nuevamente en lo transitado que te alejaron una vez, vuelves a alejarte de nuevo, con el riesgo de que si no sales de ahí, cuando mires hacia adelante, volverás a describir los mismos pasos que diste en aquel momento.
Simplemente obsérvalos. Mira los giros que diste y acepta que tuvo que ser así en ese momento, pero ahora ya no estás ahí. Puedes continuar andando y ya sabes que la dirección que debes tomar no es volver sobre tus propios pasos. Gracias a lo que ves tras de ti, ahora sabes que este juego es así. Unas veces andas firmemente hacia adelante, otras giras, otras das vueltas, pero también sabes que gracias a que te detuviste y miraste hacia atrás, has podido ver a dónde te ha llevado lo que has caminado.
Tal vez debas dar un giro en otra dirección, tal vez debas sortear alguna piedra. ¿Recuerdas que realmente aquellas dos huellas que ves tan hundidas en la arena no era por haber estado tanto tiempo en un mismo lugar sino porque diste un salto y al tomar contacto nuevamente con la arena te hundiste en ella hasta los tobillos? Te acabas de dar cuenta por qué existe un espacio entre esas huellas y las anteriores mayor que en las demás. Las huellas no se borraron, simplemente al saltar recorriste un espacio mayor.
Ves que en un tramo existen otras huellas de diferente tamaño junto a las tuyas. Aunque iban en la misma dirección unas veces estaban más cerca y otras algo más distantes, incluso en ocasiones en sentidos diferentes, aunque acababan encontrándose y acompañándose en el camino. Pero en un momento ves que se separaron cada vez más y tomaron direcciones diferentes. Puede que se encuentren de vez en cuando, pero ahí viste que algo diferente ocurrió. Tus huellas a partir de ese instante se veían solas.
Ahora sientes por un momento esa soledad. Pero no te quedas ahí, continúas recorriendo
tus huellas y te das cuenta de otro detalle. Por un momento parecen ser más firmes. A medida que las recorres ves que esas son las huellas que están más cerca de ti. Esas son tus huellas más próximas a ti, a lo que eres en este momento. Eso te hace sentir bien.
Al volver a mirar las huellas más lejanas y recorrer su andadura, notas que eso ya te ocurrió en otras ocasiones. Las huellas en unos momentos eran más firmes y en otras como más deformes, fruto de tus diferentes estados.
Ante ti tienes una imagen tuya. Sin rostro, sin carne, ni piel, ni vida alguna, que representa lo que has sido que no es otra cosa que lo que eres. Reconoces que todas esas huellas eres tú, y todo eso ha estado en ti y tú también formas parte de ese recorrido. Mirándolas, das un paso hacia atrás y miras la huella que has dejado. Es una huella que está en la dirección contraria a las demás. Buscas unas huellas similares y no identificas ninguna. Te das cuenta de que es la primera vez que te detienes y echas la vista atrás. Eso te hace reflexionar.
Es la primera vez que te paras a pensar quién eres y de dónde vienes. En cómo has llegado a donde estás ahora. Muchas cosas no las entiendes pero sabes que lo que tenías que saber en este instante lo acabas de aprender.
Es hora de volver a girarse y continuar el camino. Vuelves a mirar una vez más con algo de añoranza y a la vez con ilusión y esperanza por conocer lo que te queda por delante.
Te giras y comienzas a caminar. De repente notas que el mar moja tus pies y te alejas un poco porque el agua está muy fría. Unos pasos más adelante, sin detenerte, miras nuevamente hacia atrás y ves que el mar ha borrado tus huellas.
Por un instante te detienes y tus ojos también se mojan. Una gota salada cae por tu mejilla. Esbozas una sonrisa y te giras nuevamente hacia tu destino. No siempre estará el mar para borrar tu rastro, pero te da igual. Solo se trata de andar.



