Abro la ventana para que entre el aire fresco de la mañana y un rayo de sol entra al salón iluminando la mesa y el vaso de agua que puse sobre ella. Lo miro y la luz cambia de dirección dentro de él, como ocurre en el mar.
Al beber su agua sabía diferente a otras veces. Poco a poco la vida parecía extenderse por todo mi cuerpo. Fue una sensación muy agradable pero extraña. Me acabo de dar cuenta de que no estaba acostumbrado a esta energía tan radiante.
Un simple vaso de agua bañado por el Sol, algo tan insignificante porque no le damos importancia a lo que tenemos al alcance de la mano, pero tan excelso.
Empiezo el día reflexionando sobre la vida y la existencia. Una mañana de domingo que trae la inspiración a otra forma de ver la vida. Un hecho fortuito que muchas veces ha pasado inadvertido, sin embargo, parecía que hoy era el día de tenerlo en cuenta, porque cualquier día es una buena oportunidad para ver la vida desde otra perspectiva y darle un nuevo sentido.
Si lo hubiera hecho media hora más tarde o hubiera puesto el vaso unos centímetros a un lado, esto no habría ocurrido, pero el azar quiso que hoy fuera un día especial.
Feliz vida.