Como cada día acudes a mi buzón a dejar tu mensaje a las 5.30 de la mañana. A las 5.30 de la mañana lo recojo simulando sorpresa para que no te decepciones. A las 5.30 abro el sobre y leo la carta. Nada nuevo, nada ilusionante, nada… Palabras vacías, dolor subyacente y frustración. Pero a un bebé hay que sonreirle, entender que es la forma de llamar la atención, pero al mismo tiempo es preciso prestarle atención para entender su vacío. Como cada día, a las 5.31 de la mañana, estrujo la carta y la tiro cuando no miras.
Traté de hacer mío tu dolor, para entender qué te ocurría, pero por tus mensajes finalmente llegué al convencimiento de que no querías soltarlo, simplemente era la rabieta de la niñez emocional que no quería crecer. Simplemente un alma joven que quiere jugar a mayor, y en el camino se mete en tantos líos que un día llega el momento en que nadie puede hacer nada por ella.
Es así, la vida tiene un flujo, pone en nuestro camino personas que simulan dejarse llevar para seguirte el juego hasta que un día, sin ser padres, pero actuando desde el paternalismo, entendemos que no te hemos hecho ningún favor. Rebotamos continuamente ante tu empecinamiento que tratábamos con cariño, y eso jugó en tu contra. Te pido perdón por ello, no te hice ningún favor. Sólo traté de que en algún momento por un pequeño orificio pudiera entrar algo de comprensión, pero no fue posible.
Debo dejarte marchar por tu propio bien, porque hay algo que no acabaste de entender: hay una conexión mucho más profunda que la intereacción de la mente, la conexión entre almas. Esa conexión que está más allá del interés personal, pero no puedes entenderlo, eres un bebé emocional, y por momentos lo olvidé, lo reconozco. No siempre te traté como tal, me enfadé, te llegué a decir cosas que alguien tan joven no se le dice, pero quiero que entiendas que fue porque tu aspecto de persona mayor me hacía olvidar lo que había en tu interior. Nuevamente, te pido perdón por eso.
Si quieres puedes dejar que el viento te lleve a través de un mar embravecido atravesando las olas a la espera de un barco bucanero con el que combatir. Te pertrechas con botas de acero, armadura, guantes de acero, casco y una espada láser con la que luchar, pero te olvidas de que eso representa la coraza que utilizas para que no entre un pequeño rayo de luz, y tu sombra crece y se hace más poderosa. Quizá necesites muchas batallas, enemigos mucho más grande que tú, para que aprendas a despojarte de la armadura y luches a pecho descubierto, yo te enseñé cómo hacerlo.
Te recuerdo algo, la batalla hace tiempo que acabó, lo que percibes son ecos que reverberan a través del tiempo y el espacio. Ecos de otras batallas que aprendiste a librar para conocerte, para aprender a ser vulnerable, para aprender a rendirte. Esa es la auténtica misión. Todas las demás nos las imponemos para ir horadando la protección de miedo que nos hemos impuesto. Está bien sentir miedo, pero mejor es reconocerlo, porque así comienza el camino de la liberación.
Nadie es mejor que nadie, solo la soberbia y el orgullo nos debilita fortaleciendo nuestra coraza y nuestra sombra. Las mejores lecciones de humildad son las que vienen de aquellos seres a los que subestimamos, lo que creíamos débiles, porque son ellos los verdaderamente fuertes, que resisten los embates de la vida sin devolver el golpe, mirando hacia su interior para despojarse, poco a poco de sus cicatrices, nos enseñan el camino al corazón.
Ese camino nos fortalece con una aparente debilidad que es en realidad el reencuentro con el niño o la niña con heridas emocionales. No importa llorar, no importa reconocer que equivocamos el camino, porque no hay error, el error es darse cuenta y seguir por la misma senda por no querer ir a su encuentro.
Hoy, a las 5.32, supe que tenía la responsabilidad conmigo mismo de escribirte esta carta. Cualquier cosa que te haga sentir mal no es por mala intención mía hacia ti, es que un pequeño orificio por fin se ha abierto en tu coraza. No lo tapes, permite que entre el pequeño rayo de luz e ilumine la sombra. Recuerda que una habitación, tan solo con la luz de una vela, ya deja de estar a oscuras.
Ojalá encuentres tu luz y tu verdad.
Gracias.


