Empiezo hoy un nuevo libro. Finalicé el anterior y al releerlo aún me sorprendió algunas cosas que leí. Nunca arranqué una hoja, sí había tachaduras, correcciones gramaticales y algunas expresiones mejorables, pero todo fue como fue. Tratar de ver las cosas tal como son es la mejor forma de no dejar puertas entreabiertas para que lo mismo vuelva a entrar.
Llamar las cosas por su nombre es muy sano, sin edulcorantes ni aditivos. Al volver a leer lo escrito se vive de otra forma, porque el tiempo es lo que hace que el poso de las circunstancias se asiente en el fondo y podamos ver con más claridad la vida.
Cuando nos damos cuenta de cómo actuamos, cómo estamos influenciados por lo que los demás proyectan en el campo de juego de la vida, entendemos que lo que sentimos no siempre nos pertenece y al soltarlo reconocemos que casi nada era lo que parecía.
En ese momento, leer lo escrito cobra un nuevo sentido. Muchas de las proyecciones que hacemos son el resultado de las proyecciones de otros que hemos hecho nuestras y acabamos de crear una ensalada que nos afecta. De ahí que lo mejor que podemos hacer es limpieza y dar lo mejor que tenemos en cada momento.
La vida es muy sabia y acaba por poner las cosas en su sitio. Hay un símil en el fútbol que al extrapolarlo a la vida diaria nos da mucha claridad: se dice que cuando el árbitro pasa desapercibido es que lo ha hecho bien, porque no ha alterado el resultado. Muchas veces cuando se equivoca, trata de compensar al equipo perjudicado beneficiándolo con una decisión aleatoria, lo que provoca que se equivoque dos veces.
Por eso empiezo el libro con una frase: en lo simple está la magia. La verdad es simple. Cuando nos enfocamos en lo bello, al contemplarlo estamos viendo nuestro propio reflejo. Si no somos capaces de verlo es porque debemos seguir limpiando nuestro interior, pero a la vez, rodearnos de naturaleza y de buenas personas nos da la posibilidad de continuar puliendo el diamante que somos.
Mandela pasó cuarenta años encerrado, una cuarentena, para enseñar a los carceleros que hay otra forma de vivir. El fue libre, los carceleros continuaron encerrados, pero vieron con su ejemplo que la oscuridad de la celda se transformó en la luz del día.
Muchos animales nos muestran con su ejemplo el camino a seguir. Somos los seres humanos los que no queremos ver porque necesitamos el conflicto, pero no nos damos cuenta de que otros sufren por el efecto de nuestras acciones.
Ya está bien de justificar. Como dije antes, ver las cosas como son es nombrar las cosas por su nombre. Si nos equivocamos por creernos superiores a otros o estar en posesión de la verdad, los animales nos enseñan cómo desde la inocencia, la humildad y la resiliencia podemos reconducir el camino, para no equivocarnos dos veces, como el árbitro al tratar de compensar.
Dar lo mejor de sí mismos en todo momento, fue la frase con la que acabó el libro anterior y es el título de este nuevo libro que hoy comienzo.



