Byung-Chul Han, el filósofo coreano que vive en Alemania, en su libro La sociedad del cansancio hace referencia a dos aspectos interesantes: cómo la vida nos lleva a ser hiper-productivos, pareciendo que no hay otra salida para avanzar, hasta que luego produce una sociedad de “quemados”, y de otro sector que ante tantas posibilidades existentes para ser lo que “querramos” nos paralizamos y corremos el riesgo de caer en depresión al no ver una salida clara.
La solución que el propone es el estado de presencia. Esa neutralidad que nos conecta con nuestra sabiduría interna en la que nos sentimos que el tiempo no existe, ese tiempo que unas veces parece que va muy deprisa y en otros demasiado lento.
En su libro La salvación de lo bello hace hincapié en esta idea y nos propone la contemplación de la belleza como una forma de alcanzar ese estado atemporal. Cómo el arte en todas sus acepciones es una vía de conexión con ese estado que la sociedad actual nos trata de desviar. Una conexión con un gran silencio fruto de la contemplación.
Por todo lo dicho, es tan importante recuperar tiempo de calidad para estar con nosotros, desconectarnos del ruido exterior, y tratar de vivir sin expectativas de tener, conseguir, ser algo o alguien. Cada vez parece que resulta más difícil lograrlo porque mucha de esa frecuencia externa que nos hace ser arrastrados por patrones ajenos a nosotros nos arrastra a convertirnos en personajes que son necesarios a ese tiempo.
El gran reto, es volvernos atemporales. La Conciencia no tiene tiempo ni espacio definido, y es ahí donde se encuentran todas las posibilidades, pero el tiempo y el espacio nos arrastra nuevamene a formar parte esta carrera de hacer o no hacer. Shakespeare ya dijo que esa era la cuestión: Ser o no Ser.
Estamos inmersos en una carrera en la que tratamos de invadir a los demás para que se ajusten a nuestro tiempo y espacio, cuando el secreto es el contrario, la no invasión, la no interferencia que ya Wayne Dyer explicó en sus libros y en la película El Cambio.
Ese dejar ser no es que cada quien haga lo que le de la gana, sino ser un ejemplo desde la presencia para que los demás conecten con su propia sabiduría, despierten en sí mismos lo que les libera de su propia cárcel mental, y el arte es uno de los caminos que invitan a ello poderosamente. Es, de hecho, uno de los recursos más valiosos para esta época porque el lenguaje simbólico es capaz de hacer más que el que le impongamos a alguien hacer algo.
Un arte en que desde esa conciencia infinita se pueda despertar ese estado de atemporalidad aséptico donde cada quien se descubra. Por eso tenemos que lograr un mundo más limpio y claro, más transparente, porque cuando nadamos en un mar cristalino vemos mejor el fondo. Volvernos claros como el cristal es la clave para que no exista la sombra, ser parte de la Conciencia y el trabajo empieza por nosotros y nosotras.
Muchas veces, me atrevo a decir que la mayoría, lo que nos impacta es más las carencias o aspectos no reconocidos de los demás que las propias carencias. Cuando creemos que todo eso es nuestro, lo hacemos nuestro y vivimos con un lastre sobre nosotros que no nos corresponde, porque creemos que somos culpables de algo y nos lo merecemos.
Aprendemos así que nadie es más grande que nosotros o nosotras, nadie es más poderoso, simplemente tiene unas habilidades o facultades que nosotros no tenemos, como la de poder impactarnos. La clave es encontrar otra Zona errónea: no valorar que cuando estamos bien, y varias personas nos impactan de la forma que sea, es producto de que no estamos reconociendo algún punto fuerte nuestro, algo muy valioso que los demás, sin embargo, sí están reconociendo de alguna forma. En lugar de ellos y ellas verlo así también, ver que eso es parte de algo que tienen que reconocer en sí mismos para crecer en consciencia y ser lo grandes que en realidad son, esas carencias o aspectos no reconocidos les pueden y vuelcan su miedo o frustración en lugar de ver el ejemplo.
Qué fácil sería vivir viendo a los demás como reflejos nuestros y corregirnos, incluso colaborando, pero esto ya requiere un nivel muy avanzado de conciencia y de dejar a un lado mucha programación limitante. Por ahora, en muchos casos parece más una utopía en este distopía que vivimos que una posibilidad.
Otras veces tratan de ayudarnos tanto que parece que se meten en nuestro interior para dirigirnos. Pero eso no ayuda en nada. Solo nos habla del exceso de control que tienen en sus vidas y la inteligencia de nuestro cuerpo dispara una señal de alarma que luego se puede producir en rechazo, porque estamos defendiendo nuestro propio proceso y camino consciencial.
Si esas personas tienen una herida de abandono, rechazo, no ser reconocidas, no ser valoradas, no ser vistas, pueden entender que somos nosotros quienes activamos esa herida pero son sus propias heridas las que le están diciendo, vuelve la mirada a tu interior, no invadas en espera de amor, por decirlo en un término que lo engloba todo.
Todo se trata de autoestima, de amor propio, que cuando no se tiene, se busca a través de los demás. Y hay algo muy sutil a entender en esto: hay una línea muy fina entre el amor y el rencor, desprecio, aversión o rabia, que muy posiblemente tenga su origen en esa búsqueda del amor propio.
El Maestro dijo: cuando te sientas atacado por alguien no devuelvas el golpe, entiende que simplemente, como tú, está buscando.
Entonces, si tenemos un momento de lucidez, que puede venir de una pausa, de un silencio, de la contemplación de la belleza de una obra de arte, o de la belleza del momento, por muy traumático que sea, nos hacemos la pregunta: ¿quién soy yo?
El proceso nos va desentrañando quiénes no somos, hasta que un día la voz del silencio nos responde. Sólo tenemos que querer escucharla, para desde la presencia, ser un ejemplo para otros.



